
Fecha: 1997
Lugar: La Habana.
En la obra de Jenny Jaramillo llama la atención la facultad de hacer… una especie de laboriosidad reconocible en tradiciones artesanales de arraigo cultural que vibran en sus manos.
Lo mismo en piezas de formatos y recursos más convenientes, que en sugerentes objetos – elementos instalables en acumulaciones pertinaces – ella exhibe esa pasión femenina por arreglar, colocar, dispones, embalar. Todo lo que provoque su sensibilidad es retomado en sentido ambiguo, trasladado hacia un destino ajeno que bordea entre la obsesión y un decorativismo perturbador.
Las instalaciones de esta artista van construyendo, en emplazamientos incitados por la naturaleza del objeto instalado, acertijos para la mirada. Son signos que en la abigarrada sintaxis articulan, más que contenidos, actitudes.
Jenny ha hecho suyas aperturas conceptuales de orientación artística reciente. En su plataforma estética no calzan barreras formales ni estratificaciones culturales, desde ese medio liberado, y sin abandonar la impronta visceral que marca en su propuesta, la relación con los medios plásticos, Fabúla con la forma, remueve estereotipos culturales, manipula perversamente – o quizás en el límite difuso entre lo criticable y oscuro deseo – fetiches de feminidad, roles que nuestra cultura ha distribuido en dependencia del atributo genital que nos distingue.
Es un deslizamiento de sentidos el que erige, sobre todo en objetos e instalaciones, el imperio de la sugerencia. El despliegue artesanal, la fijación en cualidades del objeto iluminado en su sensorialidad, devienen, más que indicadores culturales o de artisticidad, atisbos de una experiencia creativa intensa. Esta cualidad, junto a la dudosa filiación ideológica de muchos de sus motivos, potencian en casa trabajo una extraña fuerza.
Valdría la pena aclarar que no todas las piezas poseen el mismo carácter. Las preocupaciones de la autora rozan típicos diversos: el entorno doméstico y sus atributos estéticos vinculados a expresividades menospreciadas, los indicadores de una banalización de la religión, el machismo como figura de seducción – victimación, los rasgos de la femenidad controvertida que se presenta en su conflictividad. Estos jirones de la experiencia de mujer latina, usufructuaria de patrones dominantes y depositaria de un acervo venido a menos, son resueltos declamando, o podría ser, poniendo en entredicho la vocación pintoresca, estridente y calurosa, que nos presenta como otredad, imagen indulgente de una identidad caótica y exuberante.
He ahí el fundamento de la veta kitsch que estas obras descubren, filón donde se reconoce y afirma la legitima pertenencia de sus códigos a nuestro repertorio visual.
Si algo resulta inquietante de esta propuesta es su propensión a reiterar claves objetuales. Algunas de ellas no solo nos remiten a esa magnitud de la consumación de algo como “cosa”, síntoma de atiborramiento insertado en el universo de nuestras dependencias materiales, sino que dimensionan y convierten en fetiche fragmentos del cuerpo como señales de una interpretación equivoca: piernas, torsos, traseros dispuestos lo mismo en postura de castigo, que de posición erótica, nos asaltan como fijaciones libidinales. Son signos controvertidos de una escatología del yo femenino, donde sumisión, seducción, victimación…, se nos dan en esa polivocidad polémica del placer.
Jenny parece proveer de expresividad su sensación del mundo. Es como si los ecos de un subtexto cultural multiforme traspasara los indicios de su experiencia cotidiana para calar en el imaginario personal que nos ofrece.
Lupe Alvarez
Historiadora y curadora
1997
El ojo del culo
Instalación (papel maché, mantel plástico de mesa)
Dimensiones variables
1996
Obra seleccionada para participar en la VI Bienal de La Habana, el Individuo y su Memoria, 1997
